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HABLANDO EN SERIO

Cuando era un adolescente (¿todavía lo seré?) tuve que aguantar y sufrir, que muchas veces, y muchas personas me dijeran: ¡Que inmaduro eres!.
No sé por qué las muchachas contemporáneas a mí se creían mucho más maduras que sus compañeros varones.
Ahora ha pasado el tiempo, y con unos cuantos añitos más, sigo siendo víctima de las mismas críticas, y en el mejor de los casos se ha cambiado la palabra inmadurez por la de locura.
Por todo esto, el tema se ha convertido en motivo de profunda reflexión. Así que ahí les va.

Entre los dos sexos existen diferencias evidentes, tanto en el plano físico, psíquico, emotivo, temperamental, sentimental y hasta en el plano intelectual. Esto no es cuestión de machismo ni nada por el estilo. Papá Dios nos hizo hombres y mujeres, complementos unos de los otros; esta es la realidad.
Con todo esto resulta difícil, (al menos a mí) dar una definición exacta de los que es madurez.
Muchos, sobre todo muchas, creen que madurez es dejar de gustarte jugar a los patrulleros y bandidos, dejar de tirar taquitos, dejar de jugar a los escondidos o al viejito pega-pega, dejar de andar en grupos para comenzar a caminar con la nariz levantada, meneando no se que, hablar de temas profundos como la realización personal, los conflictos entre generaciones, personalidad y elegancia. Por supuesto, para el sello de madurez es necesario tener un novio o una novia, y si es mayor, mucho mejor.
Difícilmente podrás encontrar una jovencita con un novio de su misma edad. Eso sería perder una pila de puntos.

Pareciera que la madurez es lo que va por fuera, lo que importa a los demás, lo que impresiona. Y por eso ocultamos lo mejor de nosotros: nuestro corazón de niño.

Pero lamentablemente las personas que siguen estas directrices en sus vidas no son más que marionetas que dejan que otros decidan lo que tienen que hacer, decir, vestir y como vivir. Puede ser que sean muy bellas, pero tristemente son marionetas.

Y sin embargo esos, "LOS GRANDES", los que no necesitan de los demás para ser ellos mismos, los que visten lo que les asienta aunque esté pasado de moda; los que dicen lo que sienten, no lo que agrada; los que actúan por convicción y no por temor; los que viven tan libres que no temen entregar sus vidas por algo o alguien que lo merezca. Son esos locos que se atreven a dejarlo todo por poder contemplar lo inmenso de un amanecer, lo cándido de un botón que lucha por abrirse, o a un niño que troca su llanto en sonrisa con tan solo la caricia de su madre.

¿Qué es madurez, pues?
Sin ninguna pretensión de sabio digo que:

MADUREZ ES NO PERDER NUNCA LA CAPACIDAD DE ASOMBRARSE.

¿Qué quiere decir esto, estar toda la vida con la boca abierta?
No, no es esto. Asombrarse es dejarse tocar por lo que nos rodea, estar despiertos ante lo que nos pasa, ser sensibles, no acostumbrarse ni resignarse, no ser repetitivos, no tener ni archivos ni respuestas aprendidas, saber reírse, incluso de nosotros mismos. En fin, madurez no es mas que cumplir el mandato del MAESTRO:
SEAN NIÑOS
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Julio Alberto Fernández Triana. sdb

 

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